Lima y miel
No fue supuesto ni sospechado,
no fue un bandazo, un aleteo.
En la penumbra se descalzaba,
como la pájara somete al viento.
El ardor mezclaba el llanto,
y una rabieta desaforada,
llenaba el ruido de la tristeza,
con desazón, con rima inquieta.
Cayó encogida, marchita, ciega;
esperó paciente, aturdida, ebria.
Cayó la noche y buscó revuelta,
romper las cuerdas, hayarse en ellas...
Resaca espesa, pálida piel.
Escupió en su nombre, adoró su sed.
Su sed de aire,
de lima y miel.
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