Una sola voz
Paseando por la orilla pensé en quitarme... toda la tensión que cae sobre mi espalda, la de tus pulgares, que pesan y aprietan, donde saborean mis cosquillas máscaras con tu risa. No me detuve en las carcajadas, que temblaban, en la cama sin mantas del mes de mayo. No fue el sabor picante de las comidas horneadas, ni el humo espeso del Canei dulzón. Fue aquel el instante, en el que fui tragada por las sábanas, los hipnotizantes susurros. Fue tu lengua cegada. Y fue a una sola voz a la altura del suelo donde escarbé en mi sueño, que pasaba rápido, gritando. No alcancé tu sombra, tus alas terribles no me cubrían. Y te ibas, sin susurros, sin caricias, silencioso y envuelto en los aires de ganso.