Una sola voz

Paseando por la orilla
pensé en quitarme...
toda la tensión
que cae sobre mi espalda,
la de tus pulgares,
que pesan
y aprietan,
donde saborean mis cosquillas
máscaras con tu risa.

No me detuve en las carcajadas,
que temblaban,
en la cama sin mantas
del mes de mayo.
No fue
el sabor picante
de las comidas horneadas,
ni el humo espeso
del Canei dulzón.

Fue
aquel el instante,
en el que fui tragada por las sábanas,
los hipnotizantes susurros.
Fue tu lengua cegada.

Y fue
a una sola voz
a la altura del suelo
donde escarbé en mi sueño,
que pasaba rápido,
gritando.

No alcancé tu sombra,
tus alas terribles no me cubrían.

Y te ibas,
sin susurros,
sin caricias,
silencioso y envuelto
en los aires de ganso.



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