E l cristal tintado dejó atrás el calor hogareño el paisaje que enamora acostado en la retina, en la dulce madrugada dónde se auguraban los mejores sueños... Me dormí, acurrucada entre voces familiares, a la sumisión del cuerpo sin sustento de mente y eché en falta a la niñez sin necesidad de anhelos.