Viene de frente y de repente, plantada ahí, paralela a la barbilla; muy quieta, me mira y me tienta, descompone el gesto; revienta... Toda ella. Se queda ahí y me cuenta, y casi siempre me pasa; que no puedo dejarla, dejar... de escucharla; si prefiero, que pase de lado, que se lleve a su paso, los días vividos, los arrepentidos, aquellos encantados, divinos, tan dañinos; los nuestros, que se endiñan y se ensañan, que se hacen maraña y me agotan... me cansan, me aplastan aquí, frente a ella: golpe de realidad. Y sin más retrocedo me quito los huecos, la desazón, y me esfuerzo y esta vez casi me olvido de lo ya vivido de lo ya olvidado. Y rebusco a ver si encuentro para llenar y llenarme de algún recuerdo, que sea confortable, placentero; para los días que piden, para los nostálgicos Si creo que ya no me acuerdo de aquello, ni del momento grotesco, violento. Si vacía ya de realidad y de efecto se recupera ahora el gesto tan descompue...