Abandonados a la sin razón

Mi mente viaja a cientos de kilómetros por hora. Los pensamientos, en ocasiones, son confusos. Las palabras rondan imparables, más rápidas que mi propio poder de asimilación y esos ratos de soledad, que siempre fueron necesarios, han pasado a ser imprescindibles. Soledad. Preciosa palabra que para mí encarna la búsqueda interior, aunque las masas se empeñen en desbordar su significado hacia algo insólito y desértico. Lo cierto es que paso muchas horas en soledad, e incluso me atrevo a decir que es el momento más preciado del día. En una pequeñísima fracción de tiempo en el que encuentro silencio, los sueños se apoderan de mí y se abre un gran océano de sensaciones y emociones; de nuevos colores, sabores y olores. Y ese momento que puede prolongarse durante indeterminados periodos de tiempo, me reconforta, y me traslada a un mundo paralelo ajeno a los gritos, y a las palabras vacías; ajeno a una realidad que hace tiempo dejó de gustarme. Una realidad que me devuelve la angustia de sentirme impotente. Y de nuevo siento la incomprensión y las miradas de sorpresa al plantear cualquier tipo de observación social o filosófica. De nuevo rebusco en sus mentes y a veces no encuentro nada. La nada. La nada sí figura para mí la soledad más insólita y desértica. La soledad más triste y desoladora. La que arrasa con todo pensamiento sano y original, e incluso natural. Y entonces sí me siento tan sola y desamparada, que regreso irritada a mi ansiado sueño. A mi ansiado mundo colateral que nunca abandona la razón.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

De Ambos

La ironía de la vida

De Vida y Muerte